Robinson Chaquinga: Restaurando la vida en el bosque que lo vio crecer

28 May 2025
En el Chocó, la vida florece de manera impresionante. La lluvia es casi constante, y los gigantescos árboles junto a las orquídeas multicolores dan vida a un bosque donde habitan jaguares, pumas, jaguarundíes, monos y las impresionantes ranas de cristal, cuya piel tan transparente permite ver su interior. Con estas palabras, Robinson Chaquinga, guardaparque y encargado del vivero de la Reserva Canandé, nos invita a descubrir su hogar. Nacido en el recinto Puerto Nuevo, a pocos kilómetros de la reserva, el Chocó es mucho más que su lugar de origen; es una parte esencial de su vida, un vínculo profundo que lleva arraigado en el corazón.

Uno de los recuerdos más emocionantes de su infancia es el día en que vio por primera vez a los monos aulladores. Tenía 10 años cuando su maestra le habló con entusiasmo sobre estos animales, despertando en él una gran curiosidad. Su padre le contó que a veces los veía de camino a la finca donde trabajaba, y así comenzó una pequeña aventura: cada viernes lo acompañaba con la esperanza de encontrarlos. Tras tres semanas sin suerte, en el cuarto intento vio a tres monos adultos y una cría balanceándose entre las ramas. "¿Ahora sí me crees que existen en la vida real?", le dijo su padre con una sonrisa. Ese momento marcó el inicio de un profundo vínculo con el Chocó y su riqueza natural.

Años más tarde, se le presentó una oportunidad inesperada. Una conversación con un cliente de la cooperativa de ahorros donde trabajaba lo conectó con Jocotoco. Robinson decidió postularse para una vacante y cambió los escritorios por la selva. Se convirtió en guardaparques y desde entonces ha dedicado su vida a cuidar la biodiversidad única del Chocó. Hoy es un pilar fundamental de los esfuerzos de reforestación y propagación de especies amenazadas como las magnolias Dixonni y Canandeana. Uno de sus logros más significativos ha sido germinar semillas de Dracontium croatii, una planta en peligro crítico de extinción que gracias a sus esfuerzos florece nuevamente en Canandé. "Hemos obtenido excelentes resultados, tanto que la tasa de mortalidad de estas semillas es solo del 12%", afirma con orgullo.

Pero su trabajo no se limita a la reserva. Robinson se ha convertido en un referente local, alguien que dialoga, escucha y propone nuevas formas de ver y cuidar el bosque. Ha llevado su mensaje a las escuelas, inspirando a niños y jóvenes con su ejemplo. "Algunos me han dicho que, algún día, ellos también quisieran ayudar a cuidar a los animalitos y las plantas", comparte con emoción. Gracias a su labor, las percepciones han comenzado a cambiar: en su comunidad, la caza y la tala han disminuido, aunque aún queda mucho por hacer. Desde Jocotoco, promovemos medios de vida sostenibles, mejorando las técnicas de cultivo de cacao, diversificando la alimentación con especies no tradicionales y rescatando el uso de plantas medicinales ancestrales. 

La labor de Robinson se ha convertido en una semilla de transformación. Él representa a cientos de personas en la primera línea de la conservación: con los pies en la tierra y el corazón en la misión, trabajando para que la vida pueda seguir prosperando en lugares vitales como el Chocó. Su historia es un poderoso recordatorio de la importancia de reconocer a quienes cuidan, restauran y defienden estos ecosistemas, esenciales para la vida en la Tierra. Como dice el propio Robinson: "Proteger el Chocó es asegurarnos de que las futuras generaciones también puedan maravillarse con la vida que aún late en nuestro bosque".

Tú también puedes ser parte de este cambio. Con tu donación, apoyas a personas como Robinson y contribuyes a conservar el bosque del Chocó, un ecosistema vital para la subsistencia global. Dona hoy y siembra esperanza para el futuro.